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El mantenimiento de intercambiadores de calor

17/02/26

En el sector de la ingeniería aplicada al manejo de fluidos, el mantenimiento de intercambiadores de calor ocupa un papel fundamental. En los procesos industriales, su funcionamiento tiene un impacto directo en la eficiencia, el consumo energético y los costes de producción. A continuación, analizaremos qué problemas pueden surgir y con qué frecuencia deben limpiarse estos equipos.

Problemas derivados de una falta de mantenimiento

Antes de profundizar en el tema, es importante comprender qué es el intercambiador de calor de placas. En términos simples, es un equipo que transfiere el calor entre dos o más fluidos sin que estos se mezclen. Su rendimiento depende directamente de su estado y del mantenimiento.

Con el paso del tiempo, es normal que se acumulen residuos o se genere corrosión. Esto baja la eficiencia térmica del equipo y, si no se atiende a tiempo, puede terminar en fallos más serios. Conozcamos cuáles son los problemas más habituales que podemos encontrar:

Fugas

Generalmente, se originan por la corrosión, erosión, desgaste del material o deterioro de las juntas y sellos. Además de disminuir la eficiencia térmica, las fugas pueden provocar la contaminación cruzada, la pérdida de presión y riesgos para la seguridad del personal y las instalaciones.

Obstrucciones

La acumulación de sedimentos y residuos químicos o biológicos dificulta el paso del fluido. Además de dar lugar a que la presión baje, también obliga a gastar más energía para mantener el flujo.

Sobrecalentamiento

Suele producirse a consecuencia de la suciedad interna, fallos en la circulación o falta de mantenimiento preventivo. El problema es que se pueden generar tensiones térmicas que pueden deformar placas, tubos o soldaduras.

mantenimiento de intercambiadores de calor

¿Con qué frecuencia se debe limpiar un intercambiador de calor?

Mantener tu intercambiador de calor limpio de manera periódica es fundamental por varias razones. Primero, un equipo limpio transfiere el calor mucho mejor y consume menos energía, ayudando así a ahorrar en las facturas de luz o gas.

Además, al cuidarlo y evitar que se corroa, estás alargando su vida útil y evitando reparaciones o sustituciones costosas. Por último, si está en buen estado, hay menos riesgo de que se averíe de repente y cause problemas en tus operaciones.

Una de las dudas más habituales que surgen es con qué frecuencia se debe limpiar este equipo. Esto depende de varios factores, como el tipo de fluido, las condiciones de uso y el material con el que esté construido el aparato. Por lo general, se recomienda lo siguiente:

  • Procesos industriales con fluidos limpios. En este caso, se aconseja hacer estas tareas de mantenimiento cada 6 meses o al año. Este intervalo de tiempo suele ser suficiente, principalmente porque no hay tanta acumulación de sedimentos.
  • Procesos con fluidos sucios o con alto contenido de sólidos. En estas circunstancias, puede ser necesario realizar limpieza cada 3 a 6 meses, o incluso antes si se observan señales de obstrucción.
  • Condiciones críticas (industria alimentaria, farmacéutica, química). Se recomienda un monitoreo constante y una limpieza preventiva, siguiendo estrictamente protocolos internos para garantizar higiene y eficiencia.

No obstante, lo más recomendable es monitorear periódicamente el funcionamiento del intercambiador y programar la limpieza en cuanto se note cualquier problema que afecte a su rendimiento. Esto ayuda a evitar problemas graves y a que el equipo funcione de manera segura y sin contratiempos.

¿Cómo realizar el mantenimiento de los intercambiadores de calor?

Los intercambiadores de calor y su mantenimiento son clave para mantener su eficiencia, prolongar su vida útil y evitar fallos inesperados. Como hemos dicho, esto implica una inspección y limpieza periódica. Estos son los pasos esenciales para un mantenimiento preventivo:

  • Inspección y preparación del equipo. Se deben revisar íntegramente las placas, tuberías y la barra superior, aunque primero debes comprobar que el equipo está completamente despresurizado y a temperatura ambiente antes de abrirlo.
  • Apertura del intercambiador. Se desmonta la parte accesible del intercambiador (placas, tubos o carcasa, según el tipo) y se limpia con agua a presión. Se pueden usar productos químicos para suciedad o incrustaciones difíciles.
  • Revisión y sustitución de las juntas. Posteriormente, se comprueba el estado de todas las juntas de sellado; si están dañadas o desgastadas, se cambian para garantizar la estanqueidad y evitar fugas.
  • Limpieza de los tubos y la carcasa. Si el haz de tubos se puede retirar, se limpia manualmente con cepillos o raspadores; si no, se usan productos químicos para eliminar los depósitos. Por ejemplo, los cepillos de cerdas duras son útiles para la suciedad ligera, mientras que los raspadores funcionan muy bien para la suciedad más resistente.
  • Montaje y pruebas de funcionamiento. Finalmente, se vuelve a armar este equipo, siguiendo las especificaciones del fabricante para evitar fugas o deformaciones. También habrá que lubricar las varillas para facilitar el cierre y efectuar pruebas de presión para comprobar la estanqueidad del equipo.

En conclusión, el mantenimiento de los intercambiadores de calor es fundamental para garantizar la eficiencia y evitar fallos que interrumpan los procesos industriales.

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jose antonio garcia mompeán
CEO Gargil Suministros Industriales |  + posts

Jose Antonio Garcia Mompeán es Ingeniero Técnico Industrial y Director de Gargil Suministros industriales desde el año 2005